Giaco Mónela

Giaco Mónela (retrato)

Giaco Mónela es un fanzinero peruano de Lima. Edita libros artesanales de un solo ejemplar no publicados desde el año 2010 y publica fanzines desde 2012 bajo el sello Moscó Puspús, con el que tiene publicados 14 fanzines propios y editados otros 3 de Eliani Velit. Utiliza técnicas de acuarela, tinta china, pigmentos naturales, plumones, crayolas y lapiceros para realizar dibujos, a veces acompañados de poemas propios, sobre temas mayormente contemplativos de la naturaleza y reflexivos sobre sus propias emociones.

En 2013 se graduó de la carrera de Comunicación y Publicidad en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas con una mención en Lenguaje Audiovisual, aunque se ha dedicado más que todo al diseño gráfico editorial. Entre 2015 y 2016 estudió un diplomado en Edición de Publicaciones en la Escuela de Edición de Lima y desde 2015 es miembro fundador del colectivo Proyecto Planetario, donde se desempeña como productor de eventos relacionados al mundo del fanzine y también como editor de fanzines de artistas visuales peruanos, como Ioke, Jimbo, Roberto Peremese, Caligrafreak y otros, además de documentales audiovisuales sobre fanzines. Actualmente viene trabajando en proyectos propios para su sello Moscó Puspús.

¿Por qué publicar?

Publicar siempre va a ser una buena manera de comunicar. Creo que en eso hay consenso, más aún si es a través de procesos que luego se materializan porque al trascender en el tiempo, en retrospectiva, le permite al publicador y/o editor poderse analizar a sí mismo y comprender que las ideas van mutando y que con ellas los objetivos y motivos que le llevan a publicar también evolucionan, no siempre rápida ni vertiginosamente, sino, más bien y muchas veces, de forma lenta. Hay bastantes maneras de publicar y estoy seguro que desconozco la mayoría de ellas. Pero publicar fanzines, más aún si son propios, es algo especial y, sin ánimos de exagerar, profundamente transformador. Lo es porque el proceso de autopublicar un fanzine es increíble ya que involucra todo, desde la conceptualización de la idea matriz y la elección del título hasta la elección de los materiales y la misma impresión; todo eso, en suma, implica un proceso a veces largo de confrontación entre lo que se quiere y lo que se puede para entenderse, reflexionar y aprender. Además, en mi experiencia, es un proceso que no termina con la impresión. Publicar un fanzine implica conocer a quien te imprime e incluso volverte su amigo; implica buscar y conocer materiales de distintas calidades y dónde encontrarlos, además de tocarlos y sentir sus texturas en bruto. Implica también estar en eventos que no siempre son ferias exclusivamente de fanzines sino conciertos, ferias multidisciplinarias y eventos de todo tipo; además, hay que promocionarse uno mismo, tomar las fotos, grabar los videos, invertir dinero y tiempo, pero sobre todo implica compartir con otros publicadores, artistas y gente de toda índole que además de gráficos, plásticos y músicos provienen de distintas carreras y disciplinas y están comunicando una multiplicidad de cosas de todo tipo con objetivos y técnicas diametralmente distintas a las de uno. E incluso si el fanzine publicado se regala en vez de venderse, implica reunirse con alguien, conversar con esa persona y regalar esa publicación a la que se le dedicó muchas cosas más que solamente tiempo. Y justamente todo eso es lo que nutre al publicador, sobre todo al de fanzines. Porque autopublicarse nunca va a limitarse a lo que sucede en el mundo editorial convencional y corporativo. Autopublicarse, para mí, siempre va a terminar siendo inevitablemente un proceso extendido, dinámico, educador, deconstructivo, metamórfico, transformador, sistemático y permanente y, por tanto, una experiencia muy bella.